Julia y Aldo
Julia Santander y Aldo Fernández

Una tarde soleada en un pueblo boliviano tres abuelos se hallan sentados exponiendo sus trajes típicos, una postal de nuestro continente. Nos miramos con Julia y concluimos, nuestra relación, a un día de conocernos, no acabaría en la rutina. Si queríamos formar una familia primero conoceríamos nuestro continente de punta a punta, de Argentina a Cuba.

Soltarse a naufragar para aprender a navegar

¿Qué sucederá en los caminos allá a lo lejos? ¿Con quién compartiremos nuevos días? ¿Soportaremos tal vivencia lejos de nuestra tierra, de la familia y de los amigos? ¿Qué suerte de peripecias tendremos que vivir? eran tantas las preguntas que dudamos de nuestra propia decisión.

Compramos la camioneta con la cual recorreríamos el continente, renunciamos a nuestros trabajos y finalizamos tareas pendientes. Una vez más la vida nos estaba dando lo que tanto le habíamos pedido, salir a la ruta.

Julia: protesista dental, amante de la fotografía, Indomable, familiera, rebelde, inocente, terca, política, llorona, hermosa, estricta y dócil, depende el día, todos los ingredientes para hacerle el viaje a uno, una aventura incalculable y delirante. Si a ello le mezclamos mi condimentada forma de ser ¡que mezcla!

Aldo, o sea yo. Pocas pulgas, sensible, con un fervoroso respeto a los niños, a la naturaleza y a los animales. Justiciero dentro de un mundo que ya es justo como es, aunque no parezca. Electricista cotidiano, Artista natural, siendo esto lo que me gustaría como cotidiano. Creyente de los pueblos originarios, entendiéndolos como la salvación de nuestra era.

Arrancamos un sábado matutino, el 23 de abril del 2011 en nuestro motor con la inconfundible tarea de conducirnos al desafío de vivir las costumbres y tradiciones de la indomable Indoamérica.

Preparar el equipaje

Ardua tarea en la que se conjugan necesidades, costumbres, gustos, trabajos, herramientas, descanso y mil cosas más.

– Julia, ¿para qué tanta ropa?.

– No llevo tanta. Solo lo necesario, ¿ves? – me decía mientras observaba como las bisagras del cajón reventaban hacia los lados.

– Aldo, ¿Te parece llevar dos cañas de pescar? – Me preguntaba ella.

– Si estoy frente a un lago con algún nuevo amigo y él no tiene, le presto. – Le decía mientras las cañas se enredaban con todo a su paso.

Hacia la indomable

35.000 kms recorridos, seis países visitados, varios cambios de aceite y  reparaciones durante estos hermosos dos años de aventuras son posibles gracias a las familias en el camino que nos brindan su apoyo y cariño. Son el impulso hacia lo extraordinario.

AUTOR: ALDO FERNÁNDEZ – EL VUELO DE LA GOLONDRINA

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