La educación – acción, una valiosa herramienta para el aprendizaje

Niño aprendiendo a ordeñar en el Instituto Ecojugando

Comprender el universo es una necesidad de la humanidad, su progreso está marcado por el conocimiento de las fuerza naturales, a partir de ahí, se hace posible alcanzar una mejor calidad de vida.

 Los eventos del cosmos demuestran al hombre que su planeta es una pequeña barca en un océano sin horizontes, pero con su pensamiento es capaz de tomarlo entre manos, reducirlo a la dimensión de una idea y descubrir que las agitadas aguas son el sustento de su hogar y una fuente inagotable de oportunidades.

 La cultura, esa memoria popular, también tiene su trinidad: pensamiento, trabajo y comunicación. Es una amalgama, que sólo se forma cuando la idea se torna en voluntad, la voluntad en obra y la obra en palabra. Nada es saber sin actuar, el proceso del aprendizaje nos enfrenta a esa realidad, una lección deja de ser un dato curioso sólo cuando se resuelve una necesidad, cuando se crea algo nuevo.

 En la escuela y la universidad el método tradicional se basa en la exposición magistral de un docente, unas escasas lecturas y al final una evaluación escrita u oral que define el éxito o el fracaso del curso. Esta manera de estudiar deja de lado un elemento esencial del aprendizaje como lo es la práctica, limitando la creatividad y la capacidad de ver las cosas de un modo diferente. Practicar y experimentar son los pasos que permiten avanzar en el desarrollo de las habilidades, he ahí el eje de la educación – acción.

 La educación – acción es un concepto en el que es el estudiante quien propone y se enfrenta a retos que debe resolver para poder avanzar, así se invierte el camino del aprendizaje pues resolver el problema deja de ser la meta y se convierte en la vía para alcanzar el conocimiento. Este tipo de educación en apariencia revolucionaria, en realidad es el modo natural, pues así era como los primeros seres humanos se enfrentaban a la vida: explorando, trabajando y siguiendo hacia adelante a la espera de nuevas experiencias.

 La naturaleza y el aire libre se prestan para desarrollar este tipo de pedagogía, en la amplitud de los espacios campestres se puede explorar y descubrir lo que las aulas sólo dejan a la imaginación, tal vez así las nuevas generaciones aprendan a valorar lo natural, en momentos en que lo automático y superficial invade todas las áreas en las que se desempeña la humanidad.

AUTOR: JOSE LUIS ROPERO DE LA HOZ.

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